Descripción
En la noche espero que me salven / Las estrellas no me miran / La luna no me tiende la mano / Pero yo espero en la noche.
Esperar en la noche, esperar en ese espacio inmenso, inconmensurable, habitado por criaturas cuyos ojos penetran a través de velos estrellados, escuchando el eco de un viento cargado de palabras. Las palabras revolotean alrededor de las cosas, de las personas, de los animales. No solo hay un mensaje; también una sonoridad que es capaz de expandirse y de concentrarse, y cuando esto ocurre, la noche comienza a latir.
Todas las palabras escritas en este poemario antes fueron solo tenues sonidos. Se ocultaron entre los pliegues del alma, esperando ser escuchados. Y lentamente, como la noche se cierne sobre el día, el viento los tomó para convertirlos en estas palabras que ahora leemos, que sentimos, que nos otorgan el poder de ver a través de la oscuridad, de poder habitar la noche. Y ahí, frente a lo que sentimos, seremos salvados porque, a pesar de la extrañeza, hay esperanza, hay camino.
Miguel Ángel Mañas




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