Descripción
Traducción de Perfecto Andrés Ibáñez
El espectáculo de la aflicción penal ha vuelto a las plazas de la aldea global. El poder público exhibe su tranquilizadora ferocidad mediante la representación de los cuerpos castigados: desnudos, rapados, amontonados, enjaulados, degradados. Las razones del humanismo y la fuerza de la empatía parecen confinadas en la reserva india del ecumenismo religioso. Pero queda todavía un espacio fecundo —laico y político— donde es posible encontrarlas y reactivarlas: el espacio abierto por Beccaria. De los delitos y de las penas cambia los términos del discurso sobre unos y otras, sustrayéndolo al oligopolio de los legisladores, de los jueces y de los académicos. Adoptando el punto de vista externo de los ciudadanos, hace ver el nexo inescindible entre la civilidad de los derechos y la crítica de la justicia penal.







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