Descripción
Los cuentos no tienen nada que ver con las lecturas ejemplares de la vieja educación autoritaria. No le dicen al niño que sea obediente, sino que sea atrevido y curioso. Lo bueno de contárselos a los niños es que creamos para ellos un lugar nuevo, un lugar donde podrán tener una segunda vida. Ninguno de nosotros sería gran cosa sin esa segunda vida que nos entregan los sueños. Julien Green dice que la imaginación es la memoria de lo que no sucedió nunca, pero debió suceder. Es como ese doble enmascarado que en los relatos de aventuras abandona el ámbito de seguridad de la casa y se escapa aprovechando las sombras por los tejados. Nos promete el mundo de las ventanas iluminadas, de los tesoros que brillan en la oscuridad, de los amores prohibidos. Es decir, todo lo que sin duda merecimos, pero no llegamos a tener. Santa Teresa la llamó la loca de la casa, pero su misión está llena de sentido común: hacer que la realidad vuelva a ser deseable y que los deseos se hagan reales. En definitiva, que eso que llamamos lo real no pueda existir sin el anhelo de lo verdadero.




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