Descripción
José Mª Fdez. Chimeno es el iniciador y propulsor de una importante modalidad teatral, que supone la reanudación del género más popular del siglo XVII: la tragicomedia contemporánea (espacio donde se defiende la fusión de lo trágico y lo cómico, donde también hay lugar para el sarcasmo y la parodia), heredera del Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo (texto ensayístico en verso de Lope de Vega que leyó como discurso ante la Academia de Madrid en 1609). Con reconocidos personajes históricos —y otros ficticios—, bajados del pedestal en el que les colocaron, como estatuas del arte hierático, los investigadores, literatos e historiadores de épocas pretéritas, con sus grandezas y miserias, sí, pero sin alma.
Y alma es precisamente lo que le sobra a esta gran reina leonesa, tildada la Temeraria, que fue capaz de enfrentarse a sus nobles y clérigos, ante los agravios recibidos, con la frase: «¡El rey soy yo!». A la edad de 44 años, luego de demostrarlo toda una vida, llega al castillo-palacio de Saldaña para parir a su quinto hijo, el tercero concebido con el conde Pedro de Lara. De por medio, padeció la viudez de su primer esposo Raimundo de Borgoña, y se liberó con el divorcio de las cadenas de su segundo esposo, el rey Alfonso I de Aragón.
Urraca I fue reina de León por derecho propio (a diferencia de las reinas consortes), y eligió no someterse al arzobispo de Santiago, alejándose, en este difícil trance para su vida, lo más posible de Gelmírez. A falta de ocho días para su muerte, decide mover los hilos de la intriga para, como en una rápida «partida de damas», acabar derrotando a todos sus rivales e imponer su última voluntad. Para saber cuál es este anhelo, hay que leer hasta la última página de Urraca I (la reina descalza).




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