Descripción
En su tiempo hubo muchos artistas de vanguardia, Mariano Fortuny y Madrazo no fue uno de ellos. Su originalidad está en la capacidad de síntesis de influencias diversas —entre ellas su vinculación al orientalismo, que heredó de su padre— para crear una obra artística atemporal, polifacética y muy original.
Admirador de Richard Wagner, le influyó en el simbolismo de algunas obras, y sobre todo despertó en el joven artista su vocación de escenógrafo. Otras influencias se pueden rastrear en el Liberty —o modernismo italiano— y el art decó, además del arte grecolatino y el Renacimiento italiano.
Entre 1901 y 1907, patentó el Sistema Fortuny de iluminación escénica y la famosa Cupola, y, en 1909, el Delphos, el vestido más icónico de la historia de la moda, en cuyo diseño participó su mujer Henriette Nigrin.
Antes de la I Guerra Mundial empezó a fabricar su veluto di seta —o terciopelo de seda— y, tras ella, inició la producción de estampados de algodón en la nueva Fabbrica Fortuny y de lámparas para decoración y usos profesionales.
Así mismo, fue nombrado Cónsul español en el Véneto y comisario del pabellón de España en la Biennale d’Arte en Venecia, en la cual participaba con obra propia. La Fabbrica Fortuny cerró durante la II Guerra Mundial, pero el granadino consiguió reabrirla en 1947. En 1951, al año siguiente de su fallecimiento, fue adquirida por su amiga y colaboradora Elsie McNeill, que la gestionó hasta 1988 con fidelidad a su memoria.
Mariano Fortuny y Madrazo fue, seguramente, el artista activo en Venecia más importante de la primera mitad del siglo XX y siempre un gran español.
«Venecia fue la segunda patria de Mariano Fortuny Madrazo, pintor, escultor, grabador, escenógrafo, arquitecto, estudioso de mecánica, de óptica, de química. Aunque su gran pasión fueron los tejidos estampados».
«Un Leonardo spagnolo all’ombra di San Marco»
Oriana Fallaci, Epoca, noviembre 1952




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