Descripción
Durante una temporadilla en su pueblo natal, si el tiempo no lo impide, el autor se encamina cada día, de buena mañana, por el alto del cerro pelado en el que se resguarda el puñado de casas, hasta unos peñascales que le proporcionan sombra y respaldo, simplemente a contemplar, tal y como acostumbraba a hacer años atrás, cuando vivía de fijo en la aldea. En ese despacho exclusivo, al natural, junto a un morralillo donde lleva un botellín de agua y un cuaderno pequeño, casi libreta, espera, iluso contumaz, pacientemente, en vano, a la poesía, lo que quiera que sea, aunque no parece que tenga intención de presentarse. Da igual, porque, en consonancia con aquella máxima de Catón, evocada por Hannah Arendt en La condición humana, «nunca se está más activo que cuando, a juzgar por la apariencia externa, no se está haciendo nada; nunca se está menos solo que cuando se está solo con uno mismo en la soledad».




Valoraciones
No hay valoraciones aún.