Descripción
Las pérdidas comienzan en ocasiones antes de la pérdida. El duelo, siempre mucho antes. Incluso si nada renace se escribe desde la herida de esa anticipación: la quietud que va ganando la casa, la lentitud con las que se empiezan a mover las horas y la orfandad como un estado que desborda su propio nombre.
En este poemario Arantxa Rochet nos lleva, con total sencillez y mucho pudor, al dolor de sostener lo inevitable. A la desaparición que se nombra desde lo cotidiano y desde la física de lo diminuto, es decir, la extrañeza de un vacío minúsculo en el cosmos, pero inmenso en una butaca.
Sin falsas promesas de eternidad, se reconstruye la figura del padre (y de la hija) en el cruce exacto entre la memoria, los cuidados y las leyes inamovibles.
prefiero creer que era una cáscara
guardaba dentro un fruto
pasó a formar parte de un todo
y dio vida a otros con lo que fuiste
la despedida es eso
nada nos diferencia de la tierra
Abrir estas páginas es asomarse a un trazo limpio y honesto donde la poeta nos recuerda que el poema sigue siendo ese lugar donde una vida, aún fugaz en la inmensidad, queda definitivamente a salvo del olvido.
Laura García de Lucas








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