Descripción
Una vez más, la fotógrafa y el escritor ensayan en Interior Acuario un diálogo sobre el misterio y el resplandor de las cosas inadvertidas.
5,00 €
Tomás Sánchez Santiago (Textos)
Encarna Mozas (Fotografías)
Año de edición: 2016
ISBN: 978-84-16613-40-3
Páginas: 96
Encuadernación: Rústica
Una vez más, la fotógrafa y el escritor ensayan en Interior Acuario un diálogo sobre el misterio y el resplandor de las cosas inadvertidas.
Los poemas de El que menos sabe merodean por los territorios limítrofes con lo olvidado, lo humilde y desatendido. Son las afueras de las consignas, de las frases hechas y lo estridente: es la vida de otro modo. El autor de La belleza de lo pequeño se desentiende, deja de saber(se) como rechazo a la oquedad y a lo pactado, también al pacto nunca verdaderamente acordado con la inexistencia de los que ya se han ido. La escritura de Tomás Sánchez Santiago, igualmente fronteriza entre los ritmos poéticos y la viveza narrativa de la oralidad, «aguanta el oído contra el mundo» hasta convertirse en un intento conmovedor de restituir el vínculo roto y devolvernos los seres y las cosas en toda su dignidad insobornable, en toda su claridad ajena al brillo.
La resonancia de motivos y preocupaciones hondamente afincadas en la conciencia y la confluencia armoniosa de formas expresivas híbridas hacen de El que menos sabe una entrega culminante en la trayectoria literaria del autor.
José María Castrillón
Buscamos en lo pequeño esa fortaleza que precisamos para creer en la serena victoria del vivir, del ir viviendo. Y no se trata solamente de tamaños sino de algo más que tiene que ver con la aparente falta de importancia. Lo pequeño es también lo secundario, lo que no estorba, lo que cada día se hace a un lado para quedarse al margen. Lo que no se enturbiará con nada.
Cada dos o tres semanas escribía un artículo que fermentaba a su modo, sin la agresividad de la prisa, y lo enviaba al diario, que antes o después lo publicaba con el esmero que lo caracteriza. Así, con ese comportamiento de colaborador fijo pero discontinuo, fui desgranando los textos que ahora aparecen aquí y así. El título me vino de golpe a la cabeza como un tiro ineludible. Buscaba yo cobijarme —y cobijar esta escritura— bajo una imagen que evocase algo parecido a la alegría, único pariente de la felicidad que me es creíble. Imaginaba eso: ir guardando cerezas sigilosamente en un escondrijo como quien preserva de las inclemencias del mundo un pequeño botín, infantil y secreto. En realidad, la propia aventura que me supuso escribir cada uno de estos textos fue eso para mí: llevar a un escondite el lujo rojo y frutal de unas cerezas brillantes. ¿Qué otra cosa es querer compartir en voz baja ocurrencias y propuestas con esa tribu invisible de lectores que se atreven a entrar, entre crujidos de ramas apartadas, en el bosque disimulado de un suplemento cultural? O sea, en un escondite.
«Concebí este título, AÑOS DE MAYOR CUANTÍA, en cuanto caí en que iba a tratar de rescatar unos cuantos sucesos capitales que, sin estrépito ninguno, acabaron por configurar un carácter. El carácter de quien escuchó buena parte de estas historias. O fue él mismo quien las contó. O las recordó. O las imaginó. Da igual.
Todas las personas tenemos un sistema de computación de nuestras vidas más allá de calendarios y relojes. A poco que se rasque en la intimidad de cualquiera, veremos que para sustituir el lenguaje de las fechas se suelen usar como referencias de anclaje datos vitales, rememoraciones, hechos particulares o públicos que nos afectaron o, al menos, quedaron por alguna razón misteriosa fijados en la memoria. Y en ocasiones un rasguño inapreciable de la vida puede crecer por su cuenta hasta colonizarnos sin pedir permiso; pasado el tiempo es cuando aprendemos que lo imprevisible pesa a menudo más que lo que habíamos cargado con supuesta convicción duradera. A esos años de mayor cuantía me refiero aquí.»
Tomás Sánchez Santiago
Estos textos nacen de esa manía temeraria de apuntarlo todo o casi todo según va llegando. No llevan mucho cincel y no pertenecen al mundo de la estridencia ni al de las gesticulaciones excesivas. Proceden más bien del lenguaje tranquilo o, todo lo más, de la necesidad de dejar congregado en pequeñas porciones lo que no acabó pudriéndose en una escritura de contrabando. La vida mitigada, sí. ¿Qué otra manera de vivir es posible ya? Poco a poco, el ruido inaguantable del mundo nos ha ido expulsando a muchos hacia unas inmediaciones secundarias donde, cuando menos, es posible escuchar sin nervios las palabras de los otros, contemplar las cosas despacio y en sí mismas y tomar notas calientes de pequeños sobresaltos. ¿Para qué más?
T. S. S.
0 artículos
![Interior Acuario [Correlato]](https://eolasediciones.es/wp-content/uploads/2026/01/Interior_Acuario.jpg)
Valoraciones
No hay valoraciones aún.