Descripción
La teoría no se define ni en oposición ni siquiera en relación con lo que se suele llamar praxis o práctica. Tampoco el tópico de «lo que importa son las preguntas, no las respuestas» es relevante. Ni las preguntas ni las respuestas, fruto del supuesto asombro o la avidez por conocer, alcanzan el corazón de lo teórico. No son los interrogantes los que funcionan como motor ni las respuestas las que juegan el papel de anhelado botín. Ambos son siempre precarios en relación con la teoría, constelación cuya silueta se traza precisamente a partir de los puntos muertos o callejones sin salida en el que desembocan preguntas y respuestas. Nada que tenga sentido es concluyente. De ahí el vínculo de la teoría con el fracaso, lugar en el que lo teórico florece.




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